El Gato Negro

En el barrio de Canipamba de la villa de Pampas vivía una familia a la cual le gustaba mucho domesticar animales, como perro, gatos, etc.

Esta familia estaba conformada por el padre llamado Anfiloquio, la madre llamada Jetrudez y dos hijos los cuales se llamaban Ferminiano y Pedro. La pareja de esposos eran muy felices, nunca peleaban, se amaban mucho desde que se unieron en matrimonio.

Un día uno de sus hijos, el más pequeño llamado Pedro, salio de la casa al atardecer casi para cerrar la noche a jugar con sus amiguitos, de pronto en un rincón de una pared encontraron un pequeño y misterioso gato, que estaba maullando, Pedro cogió al animal, lo acaricio y lo apretó hacia su pecho y pidió a sus amigos que no cuenten a nadie de que él se llevo al gato negro. El niño se despidió de todos sus amigos y con el gato debajo de la chompa caminaba rumbo a casa, el gato al sentir el abrigo se puso contento y runruneaba.

Cuando Pedro llego a su casa, muy contento llamó a toda su familia y les mostró el escuálido animal, su familia sorprendida, le interrogaron diciéndole ¿De donde has sacado este animal? Y él contestó: lo encontré en el rincón de una pared, estaba solo, hambriento y friolento; así que mi corazón se compadeció y sintió lastima por el gatito y lo traje para la casa, además como es de pelo negro chilla me gustó su color que combinaba con sus bellos ojos amarillos y negros, hacen de él un fino gato y muy hermoso, por eso lo escogí para mi mascota. Frente a esto los padres aceptaron que su hijo se quedase con el animal.

Pasaban los días, Pedro crecía y su mascota también, el niño cada vez más se encariñaba con el gato, lo engreía tanto que le daba todos sus gustos como; comidas a base de carne, atún, leche, etc. Y hasta dormía con el.

Hasta que un día, en la hora de la cena la madre, salio de la casa a llamar a sus hijos que estaban jugando por la calle, pero antes dejo servida la cena para todos. Cuando volvió de la calle con sus hijos y su marido al darse cuenta que la comita estaba con pelo y tierra tuvieron una fuerte discusión, a la señora Jetrudez no le quedo otra cosa que botar los alimentos y volver a prepararlos nuevamente. Los días pasaron y volvió a ocurrir el mismo incidente, motivo por el cual el marido empezó a castigar a su esposa diciéndole: ¿Por qué me haces esto después de tantos años de felicidad que hemos vivido juntos?, acaso no me amas como yo a ti te amo!, contéstame. Doña Jetrudez no le respondía nada, simplemente por que ella no entendía el por que aparecía esta suciedad en la comida y especialmente en la de su marido.

Al día siguiente Don Anfiloquio le reclamó a Doña Jetrudez con voz enérgica, diciéndole: ¡mira! Mujer, yo, ya estoy harto de todo esto que esta sucediendo, así que será mejor que nos separemos, por que nuestra relación no esta marchando nada bien. Doña Jetrudez le respondió, no Anfiloquio, yo no quiero separarme de ti, por que te amo tanto y de la suciedad que casi siempre aparece en los alimentos yo no tengo ni idea de donde aparece.

Disgustada la pareja no cenó, solo cenaron los niños, la pareja se fue a descansar. En toda la noche ninguno pudo dormir, buscando la explicación debida al incidente.

Al día siguiente la mujer se levantó temprano y empezó a prepara el desayuno teniendo mucho cuidado con la higiene. Cuando Anfiloquio despertó, seguía enojado con su mujer, comió silenciosamente sin dirigir la palabra alguna, cuando el retorno de su trabajo, su esposa lo espero con un suculento plato de cuy; el cual era su plato favorito. El esposo le agradeció con un gesto y le dijo: estoy un poco cansado y mal del estomago, guárdalo para mi calentado yo me voy a descansar.

La señora se sintió muy mal por esto, tapó las ollas y muy triste se fue también a dormir. A eso de las doce de la noche cuando todos dormían, el esposo escucho unos ruidos misteriosos, pensó que eran las ratas; pero recordó que tenía un gato y que este acababa con estas, la cual obligo a levantarse, tomó su escopeta Winchester, se acerco silenciosamente al lugar de donde provenían los ruidos, se dirigió a la cocina, grande fue su sorpresa al observar él que su propio gato había destapado la olla y se arrancaba los pelos de sus testículos, los mezclaba con tierra y ceniza para luego echarlo a la olla. El señor quedo impresionado de lo que veía, no lo pensó dos veces; apunto al maldito animal con su escopeta y de un balazo lo dejo tirado, cuando se acerco se dio cuenta de que el maldito animal no estaba muerto, el gato se levantó y hablo por primera vez diciendo: Tú y tu familia serán mis victimas ¡mis carnes!. El señor sorprendido y amedrentado ante lo sucedido comprendió de que se trababa de un animal poseído por Belial, entonces saco de su bolsillo una bala y un cuchillo, rezó un padre nuestro y con la cuchilla hizo una cruz al arma y a la bala, introdujo la bala hacia la escopeta y disparo al animal por segunda vez, y lo mató. Metió al gato en una caja bien segura y lo llevó a botar a puente hondo, cuando el animal estaba cayendo al abismo oyó decir al gato por favor ayúdenme…, yo ya no quiero retornar a esta prisión…

El seño al volver de puente hondo, llegó arrepentido a pedir perdón a su esposa y le contó todo lo que había visto y hecho. Esta familia recupero la felicidad y los hijos aprendieron a no llevar a casa animales extraños.

El gato negro reapareció en otros hogares del pueblo de Pampas volviendo a ocurrir la misma escena. Pero finalmente terminada su siete vidas del gato el mal desapareció. Y en cada casa que este animal hacía daño el cura lo bendijo.

Publicado :2007-12-29

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